Hace unos años una conocida marca de navajas suizas, realizó un curioso estudio, con el objetivo de captar nuevos clientes potenciales.
La idea debía cumplir las siguientes condiciones: el nuevo usuario no tendría experiencia previa en el uso de estos artilugios, y durante el estudio, debería hacer un uso diario obligatorio de la herramienta.
Una vez concluido este periodo, se le indicó que entregara la navaja multiusos, y es aquí cuando surgió la magia.

Nada más empezar, y sobre todo al ser una persona que nunca había utilizado anteriormente este tipo de material, lo percibía como algo inútil o poco práctico.
Cuando hacemos un uso recurrente de algo que nos facilita el día a día, en el momento que nos lo quitan, sentimos la necesidad de «eso» que antes no hubiéramos pensado que nos sería útil.
Y con ese estudio o experimento, lo que se logró, es demostrar que con el uso de las multiherramientas, aparece el principio de ganancia funcional.
Este principio no es más que lograr un incremento en la utilidad que se obtiene cuando un mismo objeto puede desempeñar varias funciones, evitando tener que portar un elemento diferente para cada una de ellas.
Una multiherramienta reúne en un solo dispositivo funciones como unos alicates, una navaja, un destornillador, unas tijeras o un cortador, permitiendo resolver pequeños problemas cotidianos y responder con mayor eficacia ante imprevistos. Cortar un cinturón de seguridad dañado, romper un cristal, realizar una reparación provisional o acceder a determinados elementos pueden ser acciones que, en determinadas circunstancias, resulten vitales.
Para terminar, he de dejar claro que por sí sola no resuelve una emergencia. Pero una persona preparada, equipada con recursos sencillos y con criterio para utilizarlos, está en mejores condiciones para protegerse, ayudar a otras personas y colaborar de forma segura hasta la llegada de los servicios de emergencia.